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COMPARECENCIA CONGRESO DE LOS DIPUTADOS Don Miguel Arias Cañete Comisario Europeo Energía y Acción por el Clima Madrid - 21 de febrero de 2019

Sra. Presidenta, señorías:

Hace un año comparecí en la Comisión para el Estudio del Cambio Climático de este Congreso de los Diputados y afirmaba que la Unión Europea estaba determinada a poner en marcha el Acuerdo de París lo antes posible y a acelerar la transición hacia un modelo económico sostenible y bajo en emisiones y tuve la ocasión de detallar todas las acciones que la Comisión Europea había puesto o estaba poniendo en marcha para ello.

Hoy, en esta comparecencia, querría analizar los siguientes temas:

1.- La situación en que se encuentra la Unión Europea respecto del cumplimiento de los objetivos 20/20/20 asumidos en virtud de lo acordado en el Consejo Europeo de marzo de 2007;

2.- La situación actual del paquete normativo puesto en marcha por la Comisión Europea para cumplir en el horizonte 2030 los nuevos objetivos asumidos bajo el Acuerdo de París;

3.- El Informe del IPCC (Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático) y la Estrategia para descarbonizar la Unión Europea a largo plazo.

4.- La COP 24 de KATOWICE y el proceso de preparación de la COP 25;

5.- Los Planes Nacionales Integrados Energía y Clima.

Creo que ello les permitirá a sus señorías tener una visión clara de dónde se encuentran en la actualidad las políticas climáticas y energéticas de la Unión Europea que puede ser de utilidad para enriquecer el debate nacional sobre estas cuestiones, especialmente de cara al periodo electoral local, autonómico, nacional y europeo que vamos a afrontar en estos próximos meses.

 

 

1.- La situación en que se encuentra hoy la Unión Europea respecto del cumplimiento de los objetivos 20/20/20 asumidos en virtud de lo acordado en el Consejo Europeo de 8 y 9 de marzo de 2007

 

El Consejo Europeo del 8 y 9 de marzo de 2007 consideró que los desafíos en relación con el cambio climático debían abordarse urgentemente y con eficacia.

 Para ello, fijó unos objetivos precisos para la Unión Europea (20/20/20): lograr al menos una reducción del 20% de las emisiones de gases de efecto invernadero desde 2007 a 2020 en comparación con 1990; incrementar la eficiencia energética para lograr el objetivo de ahorrar un 20% del consumo de energía en comparación con los valores proyectados para 2020; y un objetivo vinculante del 20% de energías renovables en el consumo total de energía en 2020.

La Unión Europea incorporó ya en el año 2009 estos ambiciosos objetivos en legislación comunitaria, con la puesta a punto de diversos instrumentos, entre ellos:

a) El Régimen de comercio de derechos de emisión (conocido como ETS, por sus siglas en inglés), principal instrumento para reducir las emisiones de gases de efecto invernadero procedentes del sector de la aviación y de las grandes instalaciones de los sectores eléctrico e industrial. El régimen abarca, aproximadamente, el 45% de las emisiones de gases de efecto invernadero de la Unión Europea. El objetivo para 2020 es que las emisiones de estos sectores sean un 21% más bajas que las registradas en 2005.

b) Los objetivos nacionales de reducción de las emisiones afectan a los sectores no incluidos en el Régimen de comercio de derechos de emisión, que representan el 55% del total de las emisiones de la Unión Europea, en los sectores de la vivienda, la agricultura, los residuos y el transporte (excluida la aviación). En virtud de la "Decisión de reparto del esfuerzo", los países de la Unión Europea han asumido objetivos anuales vinculantes hasta 2020 para reducir las emisiones en estos sectores (en relación con los niveles de 2005). Los objetivos, que varían en función de la riqueza nacional, van desde la reducción del 20% en los países más ricos hasta el incremento máximo del 20% en los menos ricos (aunque estos también tendrán que hacer esfuerzos para limitar las emisiones).

c) Los países europeos también han asumido objetivos nacionales vinculantes para incrementar de aquí a 2020 el porcentaje de energías renovables que consumen, según lo dispuesto en la Directiva sobre fuentes de energía renovables. Esos objetivos varían según las situaciones de partida de la producción de energías renovables en cada país y de su capacidad para aumentarla (que va desde el 10% en Malta hasta el 49% en Suecia). Con estas medidas, el conjunto de la Unión Europea podrá conseguir su objetivo del 20% de energías renovables en 2020 (es decir, más del doble del 9,8% registrado en 2010), así como una cuota del 10% de energías renovables en el sector del transporte.

d) Eficiencia energética.El Consejo Europeo insistió en la necesidad de incrementar la eficiencia energética en la Unión Europea para lograr el objetivo de ahorrar un 20% del consumo de energía de la UE en comparación con los valores proyectados para 2020, según las estimaciones de la Comisión en su Libro Verde sobre eficiencia energética, e instaba a los Estados Miembros a que aprovechasen adecuadamente a tal efecto sus Planes de acción nacionales en materia de eficiencia energética. Las medidas para aumentar la eficiencia energética quedaron establecidas en la Directiva de eficiencia energética.

¿Dónde está en estos momentos la Unión Europea en la consecución de sus objetivos para el año 2020?

- En relación con la reducción de emisiones, entre 1990 y 2017, las emisiones de gases de efecto invernadero se redujeron un 22 % mientras que el Producto Interior Bruto de la Unión Europea creció un 57,5 %.

- En materia de renovables, a nivel europeo en 2016 ya estábamos en un 17%. Las estimaciones más recientes de las que dispongo, publicadas por Eurostat el pasado 12 de febrero, apuntan a que el 2017, el porcentaje de renovables alcanzaría el 17,5% (0,45% más que en 2016). En España en 2016 las renovables alcanzaron un 17,4%, por encima de la trayectoria indicativa establecida para 2017 y 2018 (16%). Las estimaciones para el 2017 son de 17,5%, es decir, un poco más del porcentaje que en 2016, todavía por encima de la trayectoria indicativa del 16% prevista para 2017 y 2018. La reciente desaceleración del incremento de participación de las renovables en el consumo de energía se debe en parte al incremento del consumo final de energía que se viene registrando desde el año 2015.

Es importante que el desarrollo de renovables en los Estados Miembros continúe a un ritmo apropiado en los próximos años de cara a asegurar el cumplimiento de los objetivos para 2020.

En 2017 once Estados Miembros ya han alcanzado sus objetivos para 2020, nueve están dentro de las trayectorias establecidas en la Directiva para 2017/2018 como necesarias para alcanzar sus objetivos y otro ocho están por debajo de la trayectoria necesaria y tendrían que incrementar sus esfuerzos en los próximos años para alcanzar sus objetivos. Entre ellos: Holanda (7,4), Francia (6,7), Irlanda (5,3), Reino Unido (4,8), Luxemburgo (4,6), Polonia (4,1) y Bélgica (3,9).

- En materia de eficiencia energética, según las últimas estimaciones de las que dispongo, la Unión Europea no está siguiendo una senda que le permita alcanzar sus objetivos de eficiencia energética en 2020. En 2017 nuestras estimaciones apuntaban a un consumo final de energía de 1.119 millones de toneladas equivalentes de petróleo frente a un objetivo para el año 2020 de 1086. Los datos de consumo primario de energía no son mejores, en 2017 este consumo se situó ya en 1.565 millones de toneladas de petróleo equivalente frente a un objetivo para 2020 de 1483 millones de toneladas de petróleo equivalente.

Nuestros análisis evidencian que no hay una causa única que explique el incremento de consumo de energía que se viene produciendo desde el año 2014, aunque puede ser parcialmente atribuido a los buenos resultados económicos registrados por la economía europea desde 2014, a los bajos precios del petróleo y al hecho de haberse registrado inviernos muy fríos en los años 205 y 2016 aunque los efectos de estos factores son distintos en los diferentes sectores.

Será por tanto necesario redoblar los esfuerzos para implementar acciones de eficiencia energética tanto en la Unión Europea como en los Estados Miembros y habrá que aplicar con todo rigor la legislación vigente en la materia.

Si analizamos el caso español, la situación es similar, en el año 2017 estimamos un consumo de energía primaria de 122,1 Mtep (frente a un objetivo para el año 2020 de 122,58) y un consumo de energía final de 81,6 Mtep (frente a un objetivo para el año 2020 de 87,236).

Esta es la situación en que se encuentra la Unión Europea respecto del cumplimiento de sus objetivos 2020 asumidos en el marco del Protocolo de Kyoto y la llamada enmienda de Doha acordada en 2012 que estableció una segunda fase del Protocolo de Kyoto con reducciones de emisiones vinculantes para el periodo 2013-2020.

 

 

2.- La situación actual del paquete normativo puesto en marcha por la Comisión Europea para cumplir en el horizonte 2030 los nuevos objetivos asumidos bajo el Acuerdo de París

 

Las decisiones del Consejo Europeo de octubre de 2014 y el Acuerdo de París implicaban la necesidad de actualizar la política climática y energética de la Unión Europea. Como Comisario Europeo responsable de esta cartera, ésta ha sido mi labor principal durante el mandato de la Comisión Europea del Presidente Juncker.

En lo que se refiere a la política de cambio climático, hemos adaptado los reglamentos del mercado de derechos de emisiones, de esfuerzo compartido y el de cambio del uso de la tierra y la silvicultura.

El reglamento del mercado de derechos de emisiones entrará en vigor el próximo 1 de enero de 2021 y con él, una nueva fase, la denominada cuarta fase. Durante esta fase, el factor anual de reducción de las emisiones se incrementará, desde el 1,74 % actual hasta el 2,2% para que los sectores que cubre este reglamento alcancen una reducción del 43% en 2030 comparado con las emisiones de 2005.

Incluso antes de su entrada formal en vigor la nueva normativa ha comenzado a tener efectos positivos en los mercados, como botón de muestra la tonelada de CO2 cotizaba en febrero de 2018 a 9,48 € y en febrero de este año cotiza a 23,31 €.

La normativa reguladora de los sectores difusos(agricultura, transporte, edificios y residuos) también ha sido adoptada por la Unión Europea y los 28 Estados miembros de la Unión Europea tienen objetivos nacionales vinculantes sin disgregación del objetivo nacional por sectores, con el objetivo de dar a los Estados una mayor flexibilidad.

El establecimiento de estos objetivos nacionales que conjuntamente deben permitir cumplir el objetivo comunitario se realiza con arreglo a criterios de solidaridad, en base al producto interior bruto de cada Estado miembro de la Unión Europea. Así, Alemania por ejemplo tiene la obligación de reducir un 38%, Bulgaria un 0%, y España un 26%.

Finalmente, el reglamento sobre cambio del uso de la tierra y silvicultura contribuirá a que se reduzcan las emisiones de gases de efecto invernadero de la Unión Europea durante el período 2021-2030 mediante una mejora de la protección y la gestión de la tierra y los bosques en toda la Unión. El nuevo Reglamento constituye un marco para velar por que se tengan en cuenta las emisiones y absorciones generadas por el sector de la agricultura.

Por lo que se refiere a las políticas de movilidad sostenible y para facilitar la reducción de las emisiones en el sector del transporte, responsable de una cuarta parte de las emisiones de gases de efecto invernadero en la Unión Europea el 8 noviembre de 2017 lancé una propuesta de Reglamento estableciendo las normas de comportamiento en materia de emisiones de los turismos nuevos y de los vehículos comerciales ligeros. Los colegisladores, el Parlamento Europeo y el Consejo de Ministros, alcanzaron un acuerdo sobre esta propuesta el pasado 17 de diciembre de 2018. En virtud de dicho acuerdo los turismos nuevos debían reducir sus emisiones de CO2 en un 15 % en el año 2025 y en un 37,50 % en el año 2030 respecto de los niveles del año 2021 y los vehículos comerciales ligeros en un 15 % en 2025 y en un 31 % en 2030. Además, se establecía un sistema para incentivar el despliegue de vehículos de cero y bajas emisiones, de modo que los niveles de reducción de emisiones de CO2 se reducían hasta un máximo del 5 % si el porcentaje de vehículos de cero y bajas emisiones en el total de la flota de cada fabricante sobrepasara el umbral del 15 % en 2025 para turismos y vehículos comerciales ligeros en 2025 o los umbrales del 35 % en 2030 para turismos y del 30 % para vehículos comerciales ligeros.

Estos objetivos de reducción de CO 2 llevarán a una reducción de las emisiones de gases de efecto invernadero en el sector del transporte del 23 por ciento en 2030, en comparación con 2005, y pueden conducir a que en 2030 haya más de 35 millones de vehículos de cero o bajas emisiones en circulación en la Unión Europea

Para España, las proyecciones de la Comisión apuntan a que con estos nuevos objetivos de reducción de emisiones en 2030 estén en circulación alrededor de 373.000 vehículos eléctricos a baterías y 2.746.000 de vehículos híbridos enchufables.

Ello va a exigir la instalación masiva de puntos públicos de recarga ya que, frente a los 4.600 puntos públicos existentes en 2017, en 2025 serían necesarios 80.000 y en 2030 cerca de 312.000.

Además, y por primera vez en la Unión Europea, el pasado 17 de mayo de 2018 propuse un Reglamento por el que se establecen normas de comportamiento en materia de emisiones de CO2 para vehículos pesados nuevos.

La Comisión Europea proponía que las emisiones específicas del parque de vehículos pesados nuevos de la Unión Europea debían reducirse en comparación con las emisiones de CO2 de referencia en un 15 por ciento a partir del 1 de enero de 2025 y en un 30 % indicativo a partir de 1 de enero de 2030, objetivo que se fijaría definitivamente, como vinculante, en una revisión a realizar en 2022.

La Comisión Europea proponía, adicionalmente, un incentivo para estimular el desarrollo de vehículos pesados de baja emisión y de emisión cero, en forma de los llamados supercréditos.

Para ello los vehículos pesados de emisión cero se contabilizarían como dos vehículos y los de baja emisión como hasta dos de acuerdo con una función de sus emisiones de C02 específicas y del umbral de emisión de 350 g CO2/Km. Este factor de baja emisión y emisión cero reducirá las emisiones específicas medias de un fabricante hasta un máximo del 3 por ciento.

Por un lado, el Consejo de Ministros asumió el objetivo propuesto por la Comisión para 2025 pero estableció el objetivo del 30 por ciento para 2030 como vinculante salvo que en la revisión se decidiera otra cosa.

Asimismo, el Consejo aceptaba el sistema de supercréditos propuesto por la Comisión, pero añade que la revisión intermedia debería analizar si era posible introducir umbrales mínimos de despliegue de vehículos de cero y bajas emisiones.

Por otro lado, el Parlamento Europeo estableció un objetivo de reducción de emisiones del 20 % para 2025 y del 35 % en 2030 sujeto a revisión sólo para su posible incremento.

Además, establece un sistema de bonus-malus estableciendo unos umbrales mínimos de despliegue de vehículos de cero y bajas emisiones del 5% en 2025 con un límite máximo de reducción de emisiones del 3% sobre el objetivo, y del 20% en 2030, en cuyo caso el límite de reducción sería del 5% y todo ello estaría sujeto a la revisión intermedia.

Este lunes y martes de madrugada, se celebró el cuarto y último trílogo en Bruselas donde el Consejo de Ministros y el Parlamento Europeo llegaron a un acuerdo político provisional. Los colegisladores acordaron unos objetivos de reducción del 15% para 2025 y del 30% en 2030. En lo que respecta al incentivo para estimular el desarrollo de vehículos pesados de baja emisión y de emisión cero, se mantiene el sistema de supercréditos desde 2019 hasta 2024.

En paralelo, se establece un sistema de bonus con umbrales mínimos de despliegue de vehículos de cero y bajas emisiones del 2 % a partir del 2025. La definición de vehículos y los de baja emisión se mantiene según lo establecido en la definición propuesta por el Parlamento Europeo, con lo cual los vehículos de baja emisión se definen como aquellos con menos del 50 por ciento de las emisiones de CO2 de 2019 en cada sub-grupo.

Este acuerdo informal será formalizado en los próximos meses por ambas instituciones, empezando por la votación del acuerdo político provisional en el llamado COREPER I (Comité de Representantes Permanentes del Consejo).

En lo que se refiere a la política energética,la Comisión Europea adoptó en noviembre de 2016 un paquete legislativo denominado "Energía Limpia para todos los europeos".

Se trata del paquete legislativo más importante adoptado nunca en esta materia, que establece las bases para la creación de la Unión de la Energía, facilitando la necesaria e imparable transición energética.

Las ocho propuestas legislativas incluidas en el paquete de Energía Limpia abarcan desde la eficiencia energética, las energías renovables y el diseño del mercado de la electricidad, hasta la seguridad del suministro de electricidad, elregulador europeo y las normas de gobernanza de la Unión de la Energía.

Con este paquete establecemos un marco regulador estable en Europa para la inversión en energías limpias, favoreciendo una mayor penetración de renovables en el mercado, fomentando las inversiones en eficiencia energética y situando a los consumidores europeos como elementos centrales del sistema energético.

Cuando comparecí el pasado 5 de febrero de 2018 ante la Comisión para el Estudio del Cambio Climático, solamente se había logrado el acuerdo del Consejo y del Parlamento Europeo respecto de la Directiva de Eficiencia Energética de edificios. A lo largo del año 2018, se fueron concluyendo los acuerdos de las restantes propuestas y el pasado mes de diciembre concluimos en Bruselas las negociaciones de las dos últimas propuestas relativas al diseño del mercado de la electricidad.

Son muchos los elementos del paquete que van a ser cruciales para posibilitar el proceso de transición energética; pero yo quisiera destacar el impacto que sobre la reducción de emisiones tienen algunas de las propuestas. La negociación con los co-legisladores en el proceso legislativo ordinario de la Unión Europea, el Consejo y el Parlamento, ha supuesto un incremento de los objetivos propuestos por la Comisión Europea tanto en renovables como en eficiencia energética. En energías renovables se ha aprobado un porcentaje de 32% y en eficiencia energética un 32,5% para el marco 2030.Y en ambos casos se prevé en 2023 una revisión de las Directivas que podrían suponer incrementos al alza de los citados porcentajes.

Quisiera destacar hoy el importante papel que ha jugado en estas negociaciones el ponente del Parlamento Europeo para las energías renovables, Don José Blanco, determinante para lograr un acuerdo que va mucho más allá de lo establecido en el año 2014 por el Consejo Europeo.

De acuerdo con las estimaciones realizadas por la Comisión Europea en base a los programas de modelización que utilizamos en el proceso de preparación de las propuestas legislativas, podemos estimar que, conforme a los nuevos objetivos acordados en estos dos ámbitos, la Unión Europea estaría en condiciones de reducir sus emisiones de gases de efecto invernadero en un 45% en el año 2030, por encima del objetivo acordado del 40%.

Si continuásemos aplicando la legislación que acabo de detallar hasta el 2050, reduciríamos emisiones de gases de efecto invernadero en un 60%. Pero ello resultaría insuficiente para cumplir los objetivos de París. Por ello la Unión Europea tiene que plantearse con el tiempo necesario metas climáticas más ambiciosas.

 

 

3) El informe del Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático y la estrategia de descarbonización a largo plazo en la Unión Europea

 

En este contexto hay que destacar que en octubre del pasado año, el Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático, publicó su informe especial sobre el calentamiento global de 1,5 grados centígrados, aceptando la invitación contenida en la Decisión número 21 de la COP 21 en que se formalizó el Acuerdo de París, en la que se invitaba a este Grupo a presentar en 2018 un informe especial sobre los efectos que produciría un calentamiento global de 1,5 º con respecto a los niveles preindustriales y las trayectorias correspondientes que deberían seguir las emisiones mundiales de gases de efecto invernadero.

Este informe pone de manifiesto que el calentamiento global derivado de emisiones antropogénicas, debidas a la acción humana, ya supera un grado centígrado sobre los niveles preindustriales, y que con los actuales esfuerzos globales de mitigación de emisiones la temperatura global crecerá a razón de 0,2 grados centígrados por década lo que nos llevaría a alcanzar un nivel de calentamiento de 1,5 grados entre 2030 y 2050 y el nivel de dos grados en 2070 implicando el incumplimiento de los objetivos de París. Y evidencia que, por lo tanto, globalmente, hay que redoblar los esfuerzos de descarbonización y poner en marcha políticas más ambiciosas de mitigación de emisiones.

En todos los escenarios que el informe considera para conseguir reducir el calentamiento global a 1,5 grados, se considera que las energías renovables deberían en el año 2050 suministrar entre el 70 y el 85 % de la producción global de electricidad.

El Informe apunta a que para cumplir con el objetivo de limitar el calentamiento global alrededor del 2050 habría que conseguir la neutralidad de emisiones de CO2 a nivel global y la neutralidad climática o el balance neto de cero gases de efecto invernadero en el periodo 2060-2080

Basándose entre otros elementos en el citado Informe y siendo plenamente consecuente con sus conclusiones, el pasado 28 de noviembre la Comisión Europea presentó su estrategia denominada “Un Planeta Limpio para todos. La visión estratégica europea a largo plazo de una economía próspera, moderna, competitiva y climáticamente neutra” respondiendo tanto a las invitaciones realizadas a dicho efecto por el Consejo Europeo y el Parlamento Europeo como a lo establecido en el Reglamento de Gobernanza de la Unión de la Energía que precisaba que la estrategia debería incluir un análisis de varios escenarios incluido un escenario para conseguir un balance neto de cero emisiones de gases de efecto invernadero en la Unión Europea hacia el año 2050 y emisiones negativas a partir de dicha fecha.

La estrategia que he presentado desarrolla ocho escenarios que consiguen diferentes niveles de reducción de emisiones y que cubren el abanico potencial de reducciones necesarias en la Unión Europea para contribuir a los objetivos de temperatura de entre muy por debajo de 2 grados y de continuar los esfuerzos para conseguir un incremento máximo de temperatura de 1 grado y medio. Esto se traduce en una reducción de las emisiones en la Unión Europea en 2050 comparadas con 1990 entre un 80% y un 100%, escenarios que supondrían conseguir un balance neto de 0 emisiones de gases de efecto invernadero.

El punto de partida de la estrategia es una base común de referencia que refleja las políticas y objetivos energéticos y climáticos para 2030 acordados recientemente, así como el reglamento sobre la Gobernanza de la Unión de la Energía y Acción por el Clima. Se incluyen en este sentido el régimen de comercio de derechos de emisión reformado, los objetivos nacionales de reducción de las emisiones de gases de efecto invernadero en los sectores difusos, la legislación para mantener el sumidero terrestre y forestal de la Unión Europea, los objetivos acordados para 2030 en materia de eficiencia energética y energía renovable, y la legislación propuesta para mejorar la eficiencia de coches y camiones en cuanto a CO2.

Se pronostica, como antes destaqué que con estas políticas y estos objetivos se pueden reducir las emisiones de gases de efecto invernadero en torno a un 45% de aquí a 2030 y un 60% a 2050, lo que no es suficiente para que la Unión Europea contribuya a la consecución de los objetivos de temperatura a largo plazo establecidos en el Acuerdo de París.

Para alcanzar estos objetivos, la estrategia ha evaluado ocho escenarios adicionales. Los ocho se basan todas en políticas en cualquier caso positivas, como la amplia utilización de energías renovables y la eficiencia energética. Cinco de ellos examinan diferentes tecnologías y acciones que promueven la transición hacia una economía con cero emisiones netas de gases de efecto invernadero. Varían la intensidad con que se aplica la electrificación, el hidrógeno y los electro- combustibles, es decir, la reconversión de la electricidad en otro producto, así como la eficiencia energética de los usuarios finales y el papel de la economía circular. Siguiendo cualquiera de estas vías, aumenta el consumo de electricidad.

Las vías que utilizan las mayores cantidades de electricidad son aquellas en las que se da una expansión de los electro-combustibles, lo que se traduce en una producción de electricidad que será un 50% mayor en 2050 que en la actualidad. En cambio, las vías que se centran en el lado de la demanda, como es el caso de una eficiencia energética elevada de los usuarios finales con la economía circular, son las que requieren el menor incremento en generación de electricidad, en torno a un 35% más en 2050 que en la actualidad, las que tienen menores necesidades de almacenamiento, las que suponen el mayor ahorro energético en los sectores residencial o industrial.

La transición hacia la energía limpia dará lugar a un sistema energético en el que el suministro primario de energía provendría en gran medida de fuentes de energía renovable. El despliegue a gran escala de las energías renovables conducirá a la electrificación de nuestra economía. Para 2050 la proporción de la electricidad en la demanda final de energía se habrá por lo menos duplicado, hasta llegar al 53 % pero lo que es más importante es que para 2050 más del 80% de la electricidad provendrá de fuentes renovables; junto con una proporción del 15 % de energía nuclear, esta será la piedra angular de un sistema energético europeo sin carbono.

Con estas cinco hipótesis, se conseguiría reducir algo más del 80% de las emisiones de gases de efecto invernadero, excluidos el uso de la tierra y la silvicultura de aquí a 2050, en comparación con 1990. Si se incluye el sumidero del uso de la tierra y la silvicultura, que absorbe más CO2 del que emite (300 millones de toneladas de CO2 anualmente), se podrían reducir en torno al 85% las emisiones netas de gases de efecto invernadero.

Con el sexto escenario, que combina las cinco opciones anteriores, pero a niveles inferiores, se lograría una reducción neta de los gases de efecto invernadero del 90%.

El séptimo escenario promueve todos los sectores energéticos sin carbono y la eficiencia energética y se basa en una tecnología de emisiones negativas en forma de bioenergía combinada con captura y almacenamiento de carbono para compensar las emisiones restantes.

Y el último escenario se basa en la hipótesis anterior, pero evalúa el impacto de una economía altamente circular y el papel potencialmente beneficioso de un cambio en las opciones escogidas en los consumidores hacia alternativas menos intensas en carbono, y así mismo, examina la manera de reforzar el sumidero del uso de la tierra para ver en qué medida reduce la necesidad de tecnologías de emisiones negativas.

Los escenarios séptimo y octavo permiten frenar el calentamiento global al nivel de 1,5 º y alcanzar la neutralidad climática, es decir el balance neto de cero gases de efecto invernadero en el horizonte 2050.

El objetivo de esta estrategia a largo plazo es confirmar el compromiso de Europa de liderar la acción por el clima a escala mundial y presentar una visión que pueda llevarnos a conseguir de aquí a 2050 las cero emisiones netas de emisiones de efecto invernadero a través de una transición socialmente justa realizada de forma rentable.

Los retos de esta transición pueden dar lugar a un aumento de las disparidades sociales y regionales en la Unión Europea. Por lo tanto, el consiguiente proceso de profunda modernización tendrá que estar bien gestionado, garantizando una transición justa y socialmente aceptable para todos con un espíritu de inclusividad y solidaridad. Las consecuencias sociales de la transición no pueden abordarse post factum. Tanto la Unión Europea como los Estados Miembros deben tener en cuenta las implicaciones sociales desde el principio y desplegar al máximo todas las políticas pertinentes para mitigar este problema.

La estrategia no pretende iniciar nuevas políticas, ni la Comisión Europea tiene intención de revisar los objetivos para 2030 más allá de las cláusulas de revisión que están previstas en la legislación ya aprobada. Su finalidad es indicar en qué dirección debe ir la política de la Unión Europea en materia de clima y energía y servir de marco a lo que la Unión considera su contribución a largo plazo para lograr los objetivos de temperatura del Acuerdo de París.

La estrategia abre un exhaustivo debate para que los responsables de la toma de decisiones, gobiernos, parlamentos nacionales y los ciudadanos europeos en general, discutan la manera en la que la Unión Europea debe prepararse para 2050, así como para la presentación de la estrategia europea a largo plazo ante la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático a más tardar en 2020.

La Unión Europea ya ha comenzado la transformación hacia una economía climáticamente neutra y seguirá liderando los esfuerzos mundiales a estos efectos.

Para dar respuesta al reciente informe del IPCC y contribuir a estabilizar el clima en este siglo hacia 2050, la Unión Europea debería ser la primera de las grandes economías en conseguir cero emisiones netas de gases de efecto invernadero, y demostrar que unas emisiones netas cero pueden ir de la mano de la prosperidad y desarrollo económico.

 

 

4.- La COP 24 de KATOWICE y el proceso de preparación de la COP 25

 

Pero no es suficiente que la Unión Europea asuma sus responsabilidades y lidere la lucha contra el cambio climático; frenar el calentamiento global requiere que todos los países desde el más pequeño, desde los remotos estados insulares del Pacífico hasta las economías más desarrolladas realicen esfuerzos y eleven progresivamente el nivel de ambición de sus compromisos de mitigación.

Por ello, en el año 2015, acordamos que en 2108 tendríamos que haber completado todas las reglas y orientaciones necesarias para poner en práctica el Acuerdo de París, y por ello, la Unión Europea acudió la vigésimo cuarta Conferencia de las Partes en Katowice con un objetivo muy claro, adoptar el llamado Paris Rulebook, el Código de Reglas de Aplicación, pero queríamos normas claras, transparentes y ambiciosas que permitieran a las partes poner en marcha el Acuerdo de París sobre el terreno. Hacer operativo el Acuerdo de París.

En Katowice no estábamos negociando un nuevo tratado internacional sino más bien “el manual” para implementar los objetivos de París a nivel global.

Tampoco ésta fue una tarea fácil y hubo que superar muchas dificultades para conseguir acuerdos sólidos y equilibrados que preservaran la ambición original del Acuerdo de París y que permitieran a las partes ponerse manos a la obra.

Pudieron cerrarse la práctica totalidad de los capítulos centrales de la negociación y se adoptaron normas y directrices comunes en todas las áreas clave como mitigación, adaptación, financiación y transferencia de tecnología y se logró acordar un sistema universal único de transparencia y rendición de cuentas con las necesarias flexibilidades para los países que tuvieran menor capacidad y con los compromisos de apoyar a tales países a alcanzar los niveles de capacidad necesarios para participar en este proceso al máximo nivel.

Hubo sin embargo un tema que bloqueó la negociación, retrasó el acuerdo final y requirió largas negociaciones; se trataba del artículo 6, que establecía un mecanismo de mercado de emisiones y cuyas reglas de funcionamiento, transparencia, contabilidad sostenibilidad e integridad ambiental tenían que haber sido acordadas. La dura posición de Brasil, hizo que no se pudiera avanzar en esta cuestión que tendrá que ser resuelta en la COP 25, que se celebrará en Chile.

Por esta razón he tomado la decisión de organizar una Gran Conferencia Internacional sobre los mercados de emisiones y el desarrollo del artículo 6 del Tratado de París, que nos permita analizar cómo han funcionado los mecanismos de desarrollo limpio y otras figuras durante la vigencia del Protocolo de Kyoto, que enseñanzas podemos sacar para garantizar que los futuros mecanismos respeten los criterios de integridad medioambiental y que haya transparencia en su contabilización.

Es oportuno recordar aquí y ahora que el objetivo de la Unión Europea de reducir sus emisiones de gases de efecto invernadero en al menos un 40% respecto al año 1990 se logrará con acciones puramente domésticas y sin recurrir a la utilización de mecanismos de flexibilidad como los que establece el artículo 6º del Acuerdo de París.

Estamos ante una situación muy distinta de la que ocurrió durante el primer periodo del Protocolo de Kyoto en el que, ante la incapacidad de conseguir reducciones de emisiones suficientes para alcanzar los objetivos establecidos con acciones puramente domésticas, al menos cuatro países de la Unión Europea, entre los que se encontraba España, tuvieron que adquirir cantidades importantes de unidades de los mecanismos de flexibilidad del Protocolo de Kyoto que, según los informes de la Agencia Europea de Medio Ambiente, suponían entre un 13 y un 20 % de sus emisiones en el año base, frente a una media europea del 1,9%.

El año 2019 ofrecerá muchas oportunidades para avanzar a nivel ministerial en la gestación de consensos políticos que faciliten los acuerdos en la COP 25.

En mayo se celebrará en Berlín el llamado “Petersberg Dialogue”; en junio en China la llamada “Ministerial on Climate Action (MOCA)”, que organizamos conjuntamente Canadá, China y la Unión Europea; igualmente la PRECOP, que se celebrará en Costa Rica en octubre de 2019, será fundamental en el proceso de preparación de la COP 25.

 Las reuniones del G7 en Francia en agosto y del G20 en Japón en junio, junto con las reuniones ministeriales preparatorias de las mismas serán claves para impulsar la acción climática y, sobre todo la Cumbre del Clima que se celebrará en septiembre en Nueva York convocada por el Secretario General de las Naciones Unidas Guterres, será otra gran oportunidad para movilizar la acción climática.

 

 

5) Los planes integrados de energía y clima como elementos necesarios para afrontar la transición energética

 

Para hacer efectiva la transición energética y permitir a la Unión Europea cumplir sus compromisos y objetivos, nos hemos dotado de un potente Reglamento sobre la Gobernanza de la Unión de la Energía y de la Acción por el Clima.

 

Esta Gobernanza, ya en vigor, se basa en los Planes Nacionales Integrados de Energía y Clima que deberán elaborar los Estados Miembros y comunicar a la Comisión a más tardar el 31 de diciembre de 2019.

 El proceso para su elaboración comenzó con la obligación de cada Estado Miembro de comunicar a la Comisión Europea, a más tardar el 31 de diciembre de 2018, el proyecto de Plan Nacional Integrado de Energía y Clima.

A fecha de hoy, todos los EstadosMiembros salvo Españahan enviado sus proyectos de planes nacionales a la Comisión Europea.

La Comisión Europea ha empezado a evaluar los proyectos de planes nacionales integrados de energía y clima y podrá dictar recomendaciones específicas por país a los Estados Miembros antes del 30 de junio de 2019. Cada Estado Miembro deberá tener en cuenta las recomendaciones de la Comisión Europea y, si el Estado Miembro no tiene en cuenta una recomendación o una parte sustancial de la misma, dicho Estado ofrecerá y publicará sus motivos.

Además, los Estados Miembros, a más tardar el 1 de enero de 2020, y posteriormente a más tardar el 1 de enero de 2029 y luego cada diez años, elaborarán y comunicarán a la Comisión Europea sus estrategias a largo plazo con una perspectiva de al menos 30 años. La Comisión Europea evaluara si las estrategias nacionales a largo plazo son idóneas para el logro de los objetivos generales y específicos de la Unión de la Energía.

 

Para concluir esta comparecencia, quisiera destacar que la Unión Europea no sólo ha asumido los objetivos más ambiciosos de reducción de emisiones presentados en el marco del Acuerdo de París, sino que además se ha dotado de un arsenal legislativo muy potente para la consecución de sus objetivos 2030. En este arsenal legislativo, hemos puesto en marcha una Gobernanza Europea muy sólida y sofisticada, que nos permitirá garantizar el cumplimiento de nuestros objetivos actuales y permitir su progresivo incremento, hasta llegar a los escenarios más ambiciosos que la Estrategia 2050 ofrece, como es el de que la Unión Europea sea la primera gran economía mundial que en 2050 alcance un balance neto de cero gases de efecto invernadero; es decir la neutralidad climática.

» Publication Date: 21/02/2019

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